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El «rencor» de Malvinas que sanó al dirigir en Chile, su relación particular con Gallardo y el «descenso» del hockey argentino: entrevista con «Cachito» Vigil

A los 53 años, se embarcó en el desafío de dirigir a la selección femenina de hockey sobre césped de Chile (Franco Fafasuli)

Cuando hablamos de la historia del hockey sobre césped argentino enseguida aparece el nombre de Sergio Vigil, el mentor en Sydney 2000 de "Las Leonas", que en la cita olímpica ganaron la medalla de plata. Condujo al seleccionado femenino entre 1997 y 2004, allí comenzó su popularidad. También dirigió al combinado nacional masculino, cuyos colores había defendido como jugador. Destacado como "motivador" y "líder" actualmente se encuentra dirigiendo a "Las Diablas" en Chile.
En una charla íntima con Infobae repasa su historia, su admiración por Lucha Aymar, la pérdida de su primo en la guerra de Las Malvinas y además, Como hincha y manager estratégico, con una exitosa gestión al frente del hockey de River, se anima hablar del influjo de Marcelo Gallardo.

-¿En qué momento tomaste la decisión de ser entrenador?

-Quise serlo desde muy chico. En mi etapa de adolescente, a los 16 años, me dí cuenta de que quería dos cosas en el deporte: jugar en el seleccionado y ser entrenador. Me gustaba mucho enseñar, ya de adolescente había decidido seguir la carrera de docente. Veía a los entrenadores entrenar y me encantaba, de chico me invitaban a ser asistente de ellos. A los 17 años me propusieron dirigir un equipo de varones que era un Sub 14, Sub 16 y Sub 18 de damas; ahí me di cuenta que me apasionaba. El ser entrenador lo llevé siempre en la sangre, de hecho no padecí tener que retirar al jugador, a los 32 años.

-Has dirigido hombres y mujeres ¿Qué te resulto más difícil?

-No me ha resultado difícil ninguna de las dos variantes, me han generado distintos desafíos. En mi carrera deportiva entrené un 70% a damas y un 30 a caballeros. El equipo de "Las Leonas" me ha marcado mucho, estuve 8 años en la Selección, entonces prácticamente se me vincula con ser entrenador de equipos femeninos. Pero también he entrenado a los chicos del club Ciudad de Buenos Aires y a la Selección masculina. ¿Por qué ahora entreno a damas? Porque tomé la decisión de entrenar a solo un equipo y dedicarle full time. Después del seleccionado de caballeros me tocó enamorarme del proyecto de River, que disfruté muchísimo. Cuando estaba terminando surgió el desafío de Chile damas. En ese momento estaba pensando en entrenar varones, pero apareció el desafío de "Las Diablas", me entusiasmó y por eso volví al equipo de mujeres.
A mí me parece que en varones te recibís de entrenador y en los femeninos de conductor. En ambos tenés que ser las dos cosas. Pero toda la conducción en damas tiene una complejidad mayor, en las relaciones humanas del día a día lo disfruto mucho, me gusta trabajar con la mujer porque tiene capacidades inmensas. Hay un tema que hay que trabajar que es la irreverencia, diferencia del hombre que lo tiene desarrollado.

-¿Cuál fue tu primera impresión al ver a Lucha Aymar? ¿Te imaginabas que iba a lograr todo lo que logró?

-De chica la observaba, cuando aún no era su entrenador, en la preselección para los Juegos Olímpicos de Atenas, donde ella no quedó. Ahí note inmediatamente que era flaquita, con una gran condición física, me llamó mucho la atención y justo al año y medio me iba a tocar entrenarla. Me sorprendió su habilidad, su condición física, su forma de mirar. Tenía mucho foco y luz, y a la vez era muy tímida. Lo que sí me di cuenta era que estaba frente a una jugadora crack con ojos en la nuca. Mientras eludía hacia una asistencia. Me parece que su inteligencia no estaba solo en sus manos y en sus pies, sino que su potencial estaba en su cerebro. Me acuerdo que nos propusimos un desafío, que era no ser la jugadora que podía desarrollarse o la mejor jugadora del mundo, porque eso lo iba a lograr; el sueño era que Lucha pudiera ser la mejor deportista del planeta. Iba a ser un desafío muy lindo y complejo que seguramente iba a trascender a la jugadora y podía dejar una huella muy grande en el deporte, en sus equipos y compañeras. Y lo logró.

-¿Es parecido el período post Maradona en el fútbol a la era post Lucha Aymar?

-Tiene similitudes porque tanto Diego como Lucha generaron una emoción incalculable, aparte de todo el arte que tienen los dos, la mentalidad ganadora, como empoderaron a sus equipos porque fueron dos jugadores que los hacían jugar mejor, los hacían sentir ganadores. Ellos se emocionaban cuando jugaban por lo que sentían. Vos lo veías en una cancha y les hervía la piel y la sangre, sufrían antes del partido porque los jugaban como si fuese el primero de su vida; como se sufre en alto rendimiento que es muy especial. Me parece que a ellos les explotaba el corazón cuando se ponían la camiseta Argentina y hacían explotar de emoción los corazones de quienes los miraban y hacían parecer que nada era imposible. Jugaron con lo imposible y lo lograron.

Le propuso un desafío a Luciana Aymar: “Ser la mejor deportista del planeta; y lo logró” (Foto: Franco Fafasuli)
Le propuso un desafío a Luciana Aymar: “Ser la mejor deportista del planeta; y lo logró” (Foto: Franco Fafasuli)

-¿Cómo creés que Las Leonas lograron transformar al hockey en un deporte de referencia nacional?

-Tuvimos la suerte de encontrarnos con un grupo de personas que tenía amor por lo que hacían, una pasión inmensa, les encantaba descubrir cada día un nuevo líder y talento. No les pesaba que llegaran nuevos talentos, al contrario, lo disfrutaban. Entonces de a poco fue un grupo que generó liderazgo colectivo. También tuvieron la suerte de aparecer en un momento muy especial, donde se le empezaba a dar mucha importancia al juego olímpico, donde pudimos obtener una medalla en Sydney 2000, después de muchos años de escasez, en un momento donde había pocos logros olímpicos. Luego al hockey lo fueron valorando desde el fútbol, el básquet, el voley, desde cualquier deporte; hasta amas de casa, abuelas y creo que con ese grupo de "Leonas" hubo mucha gente que se identificó, porque fueron logrando las cosas en base a esfuerzo, a generosidad, humildad y convicción. Me parece que ese equipo tuvo consistencia no solo del resultado, sino desde los valores, en como emprendían para conseguir el resultado. Creo que esa fue la huella imborrable que dejó ese equipo que se fue transmitiendo a nuevas generaciones.

-Como entrenador tuviste a la mejor jugadora del mundo con un gran equipo y lo supiste aprovechar. En el seleccionado de fútbol también tienen al mejor jugador del mundo, y a la vez grandes jugadores ¿Pensás que el problema está en los entrenadores?

-En el fútbol, dirigir al seleccionado se ha convertido en ser seleccionador, porque hay muy poco tiempo con los jugadores, entonces es determinante cómo seleccionás a los jugadores que van a tener que adecuarse al juego que vos vas a querer desarrollar, a diferencia de ser un entrenador que puede ir cambiando las formas de jugar, porque al tenerlos todos los días a los jugadores uno puede hacer muchísimos cambios. Lo que pienso es que nosotros hemos tenidos seleccionados con mucha identidad, cuando los entrenaron Menotti, Bilardo, Passarella Bielsa, Basile, Pekerman, Sabella tenían una identidad futbolística y creo que hasta esos momentos, más allá de lo que se consiguió o no, fueron seleccionados que dejaron un sello. El gran problema vino en el último año, con todos los cambios que hubo y el gran problema fue pensar que no estábamos teniendo resultados, después de conseguir un subcampeonato mundial y dos finales de Copa América. Ahí empezó una crisis que lo que hizo fue generar inseguridad, inconsistencia en jugadores y cuerpo técnico. Me parece que perdimos el rumbo al dejarnos llevar por las ansiedades externas de todos los hinchas y perdimos de vista que hacía muchísimo que no jugábamos una final. Empezaron aparecer críticas despiadadas. Tenemos que saber que los deportistas son seres humanos que sienten, que les pasan cosas. Creo que a partir de ahí perdimos el rumbo en un montón de aspectos. También hubo fallas en quienes veían el fútbol porque no lo juegan. Los deportistas y entrenadores de alta competencia tendríamos que empezar a separar lo que dicen afuera. Todos somos seres humanos. Creo que es hora de retomar el rumbo y todavía no lo hemos hecho.

-Sos de River ¿como vivís esta era de Marcelo Gallardo? ¿Su estilo es parecido al tuyo?

-Lo vivo con mucho disfrute, respeto y admiración. Creo que Marcelo ha podido conformar un equipo de trabajo, en su cuerpo técnico, de mucha calidad y excelencia. Para que un equipo tenga consistencia a través de los años tiene que haber un trabajo muy sólido en esos tres aspectos: dirigencial, cuerpo técnico y jugador. Creo que Gallardo tiene la capacidad de reinventar constantemente a sus equipos, es una persona que tiene una inmensa capacidad cognitiva y sabe tocar las teclas en el momento que hay que tocarlas. Las veces que nos ha tocado ir con las "Vikingas" tras ganar un campeonato, hemos recibido un abrazo de él y muy lindas palabras de su parte y de todo su equipo. Cuando le he pedido un favor porque jugábamos una final, si podía hacer un video o dedicarnos unas palabras, él lo ha hecho y ha celebrado nuestros triunfos; nos lo hizo sentir.

-¿Te gustaría que esté en la selección argentina?

-A mí me gustaría que todos los técnicos que tienen capacidad, que saben trabajar en equipo y buscan la excelencia, estén en el seleccionado. Marcelo Gallardo es uno de ellos. Debe ser difícil, porque el "Cholo" (Simeone), Bielsa y Gallardo, por nombrar a tres entrenadores, son símbolos. Hacen crecer a sus equipos a través del trabajo que desarrollan en el campo día a día con sus jugadores. Son tres personas diferentes, pero que les dan determinados valores a sus jugadores y a sus equipos. Me encantaría que entrenen al seleccionado porque hacen crecer al sistema, y a los que somos entrenadores, a los jugadores. Si lo llaman al "Muñeco" para ser técnico de la selección y está convencido de hacerlo, me encantaría, pero si algo en sus tripas le dice que no, que espere. Muchas veces, cuando hay un entrenador de un club que encima es simpatizante, cuesta soltarlo, porque decís "lo perdemos de River", pero en esto tengo otro criterio. Para mí hay una bandera que se llama Argentina que une a todos los clubes y están representadas todas las personas de nuestro país.

-¿Cómo fue ese primer encuentro con las "Diablas", el seleccionado de Chile?

-El primer encuentro con la selección de Chile fue con mucho entusiasmo y nerviosismo, como todos los primeros días. Con las "Diablas" sentí cosquilleo, incertidumbre, todo lo que siente un emprendedor antes de emprender: miedos, confianza, curiosidad. Ganas de familia. Estaba en un proceso fantástico, terminando con River, y a punto de coronarse las "Vikingas" y de repente vino esta posibilidad, un equipo que no jugaba Mundiales ni Juegos Olímpicos, había que empezar a trabajar para que en algún momento lo haga. También tenía claro que no me quería ir a vivir fuera de mi país, no estaba en ese momento la posibilidad, pero algo me llevó a escuchar, por respeto, con un "no" en la cabeza y terminé con un "sí". Fueron un grupo de chicas que me miraban diciendo "quiero crecer" y así empezamos, entonces desde el primer entrenamiento me di cuenta que íbamos a ser familia.

El hockey argentino tuvo un descenso muy parecido al fútbol”, aseguró
El hockey argentino tuvo un descenso muy parecido al fútbol”, aseguró

-¿Cómo vivís esa rivalidad de Argentina y Chile, estando del otro lado de la cordillera?

-Desde muy chico aprendí que el oponente no era un enemigo, era un compañero de ruta en la alta competencia que quería lo mismo que nosotros. Todos queremos salir campeones alguna vez, ganar ese partido que parece imposible, mejorar nuestra versión. Lo que me di cuenta es que en la vida todos los días tenemos la posibilidad de ganar o perder. Me empecé a replantear qué era la rivalidad, para qué servía y qué lograba tratando al otro de enemigo. Si no hubiese un oponente, no podríamos descubrir los potenciales que podemos generar. Los países desde la antigüedad tienen guerras, por el territorio, por el agua, por economía o religión, es una estupidez humana. Decidí en mi vida no tener rencor, soy una persona que puede enojarse, sentir tristeza en un momento, angustia, felicidad, todas esas emociones que las voy a tener a lo largo del camino, pero nunca voy a tener una emoción de rencor y rivalidad sin sentido.
Lo que más me alejaba la posibilidad de dirigir Chile no era una rivalidad, era una angustia existencial. En la guerra de Malvinas murió mi primo, en batalla, a mí me quedaba un rencor muy grande que no había podido sacar y lo pude hacer con mi ida a Chile. En aquel momento era el último lugar que hubiese elegido para entrenar. Pude ir comprendiendo lo que me pasaba, sentía una traición, mi cabeza me decía siempre que no, a pesar de que iba trabajando internamente. Cuando Marcelo Bielsa fue a dirigir allá para mí fue duro, se sabe lo que siento por él. Empecé a sentir otras cosas cuando él estaba allá, porque uno es hincha del equipo de sus amigos, de las personas que quiere, pero veía que era tan valorado humanamente, que empecé a sentir cosas diferentes. Cuando pasó que me ofrecieron irme para allá la tripa me decía que "sí" y la cabeza "no", y por eso en ese primer entrenamiento me di cuenta que las "Diablas", son ese grupo de chicas que son mi familia, me hicieron sanar algo que era muy venenoso, que era el dolor y el rencor. El de arriba me dio un desafío mucho más grande que el deportivo, estoy seguro de que me dijo: "Vos tenés que estar ahí para sanar ese rencor y para hacer lo que más te gusta en la vida". Hoy mi familia deportiva está en ellas y mi lugar para vivir es y será siendo Argentina.

-¿Se vive un declive en el nivel de Las Leonas?

-Yo creo que el hockey argentino tuvo un descenso muy parecido al que tuvo el fútbol en todos los aspectos. Pero tengo mucha fe en que nos vamos a recomponer. Si pensamos que hacerlo es un resultado numérico, nos vamos a equivocar. El resultado va a venir porque de hecho es casi imposible que no venga, por la calidad que hay y por lo que significa nuestro hockey en todo el mundo. Pero sería un gran error que el foco esté solamente en eso. La recomposición es mucho más profunda y grave de lo que pensamos. Lo que hay que recomponer son valores esenciales en todas las partes del sistema. Lo interesante es que podemos hacerlo y creo que si tenemos humildad y apertura de cabeza se puede lograr.

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