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Convencion Radical: antes que alianzas, debatamos políticas públicas

El escenario de la Convención Radical de Gualeguaychu, en 2015 (NA)

Somos un país atravesado por una profunda crisis moral, que no ha sabido construir fortaleza política para torcer las tendencias que nos llevan al fracaso. Buena parte de la dirigencia, alejada del sentir social, monta el espectáculo cotidiano del armado electoral. Actores y actrices salen y entran de escena al ritmo de las encuestas e intereses circunstanciales, con montajes sobreactuados para convencer a una sociedad desorientada que ya no sabe a quién creer, en quién confiar ni cómo materializar sus deseos.

En el milenio de la inteligencia artificial y de las redes sociales resulta de una soberbia y necedad imperdonable subestimar a la sociedad pensando que se pueden manejar sus emociones y sus vidas como en la ficción de una película en la que se aproxima un final dramático, el espectador está retorcido en su butaca y, al concluir, las luces se encenderán. En la vida real las luces no se encienden y la angustia se canaliza en el país de la nube, donde la gente se vincula a través de redes, comparte información, forma opinión y sale a las calles autoconvocada utilizando hashtags: #8N, #18A, #NIUNAMENOS #JusticiaIndependiente o #ImpunidadNuncaMas.

Hoy la sociedad, más que nunca, es control ciudadano; pero su acción directa no alcanza para que sus anhelos se vean reflejados en un proyecto de país en el que visualice un horizonte tranquilo y esperanzador.

Frente a esta crisis de representación, creo importante que los partidos, la dirigencia política, social, empresaria y los medios de comunicación —que median entre esa dirigencia y la sociedad— pongamos el mejor de los esfuerzos en establecer vínculos sanos para que este sistema político que integramos todos genere fuerzas centrípetas que permitan gobernabilidad, y un funcionamiento armónico y en paz.

Encontrar esos vínculos implica, a mi criterio, aferrarnos a principios básicos de responsabilidad, respeto, tolerancia y sobre todo humildad para reconocer los problemas estructurales de estancamiento y pobreza. La palabra más escuchada en nuestra sociedad desde hace más de 50 años debe ser "crisis" y hay que hacerse cargo.

En este contexto, nuestro partido tiene una inmensa responsabilidad, porque lleva 128 años de historia, tiene un comité en cada pueblo, una trayectoria institucional y ética que sostuvo principios de la socialdemocracia y una inmensa fuente de recursos humanos valiosos. No podemos diluirnos en opciones electorales estériles y que nos atomicen. No se puede poner el carro adelante del caballo, el poder es siempre "poder para", el poder vacío de propuestas y sin presencia en su ejercicio es un poder que se deriva con altos costos, eso ya lo ensayamos.

Llega la Convención Nacional y no debemos caer en el atajo de dar un mandato para "decidir alianzas" sin vincularlas a propuestas programáticas que reflejen nuestra esencia. Hacerlo sería caer una vez más en la dinámica de nuestros futuros aliados que inexorablemente jugarán su juego.

Soy de las que en Gualeguaychú propuso un frente ampliado entendiendo que se necesitaban propuestas y poder político para su ejecución. Las inconsistencias, los atropellos y los fracasos del Kirchnerismo permitieron, al menos desde la acción parlamentaria, que muchas fuerzas tuviéramos un diagnóstico y una acción política común. No puedo obviar que hay un camino construido desde el 2015, por lo que un diálogo sincero y honesto con nuestros socios es un gesto de civismo, y un análisis de integración con nuevos actores no puede hacerse sin ponerse de acuerdo en bases programáticas y en cómo atravesar la ruta crítica que tenemos por delante.

Necesitamos definiciones de instrumentos de políticas públicas eficientes y compartidas en los planos institucional, de desarrollo económico, social y ambiental, con una clara definición del rol del Estado que garantice bienestar social y una vida digna sin exclusiones para nuestra gente. Porque al momento de gobernar será ese el marco de referencia para orientar las acciones durante cuatro años, con el poder necesario y una visión de mediano y largo plazo compartida.

El desafío es crear un sistema político que funcione en armonía, para que el sol brille iluminando el potencial de Argentina y su promisorio futuro. No hacerlo, sabiendo que hay millones de personas que hoy sufren, es una torpeza imperdonable. Estamos obligados a innovar trabajando en colaboración, sería como producir una ópera prima con un feliz desenlace que enamore a la ciudadanía para dar legitimidad a nuestra democracia.

La autora es vicegobernadora de Mendoza.

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