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Alberto Fernández diseña una ofensiva diplomática para construir espacios de poder en Washington

Alberto Fernández designó a Jorge Arguello como embajador argentino en Estados Unidos y desde allí pretende iniciar un raid diplomático que le permita construir sus propios espacios de poder en los organismos multilaterales que funcionan en Washington y actúan en sintonía con la Casa Blanca.

El presidente decidió jugar fuerte en la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y aprovechará la experiencia diplomática de Arguello para tratar de coronar una jugada estratégica que le permitiría tener cierta influencia institucional en DC.

Sin embargo, la movida simultánea de Alberto Fernández es compleja y depende de la voluntad de la Casa Blanca. Si Donald Trump se mantiene impasible o baja el pulgar, el presidente argentino podría tropezar en su primera incursión de política global.

Luis Almagro es el secretario general de la OEA, fue electo casi por unanimidad (hubo una abstención), y tiene el respaldo de Estados Unidos y Colombia. Almagro desea su reelección, pero su volumen político ha sido diezmado por las crisis de Venezuela y Bolivia. Si los comicios fueran después de Navidad, el secretario de la OEA sólo podría contar con 14 de los 34 estados que integran la OEA.

Pero Almagro comparte agenda regional con Trump y sumaría cinco votos más antes que concluya el invierno en los Estados Unidos. Esos cinco votos, apalancados en la sugerencia del Salón Oval, implicarían la reelección de Almagro en la OEA.

Alberto Fernández no apoyará la reelección de Almagro e inicio una ronda de conversaciones reservadas, a través del canciller Felipe Solá, para encontrar un candidato a secretario de la OEA que satisfaga su pensamiento ideológico y sus intereses políticos.

El presidente ya asumió que la diplomacia americana decide en la OEA -aporta millones de dólares para sostener su presupuesto y entonces busca una diagonal que permita eyectar a Almagro, jugar al lado de la Casa Blanca y capitalizar el triunfo de un candidato apoyado por la mayoría de los estados regionales.

Se trata una hipótesis de difícil cumplimiento empírico.

Secretario general de OEA, Luis Almagro

El canciller Solá, por instrucción presidencial, intentará formar un bloque con México, Perú y ciertos países del Caribe beneficiados por Venezuela para apoyar a un candidato que enfrente al secretario Almagro. El posible candidato se llama Hugo de Zela y es el actual embajador peruano en Estados Unidos.

De Zela fue jefe de gabinete de dos secretarios de la OEA, Joao Clemente Baena Soares y José Miguel Insulza, y operó a favor de Alberto Fujimori después de su autogolpe en abril de 1992. Pareciera que el ministro Solá no conoce los antecedentes diplomáticos del candidato que desea anteponer al secretario Almagro.

Alberto Fernández cree que tiene posibilidades de influir en los comicios de la OEA, si propone una hoja de ruta que satisfaga por igual a los aliados de Nicolás Maduro y Donald Trump. Maduro seduce con el barril de petróleo a precio de amigos, mientras que Trump se apoya en el poder de los Estados Unidos para beneficiar a sus aliados de la OEA.

En este contexto, la jugada diplomática del presidente se resume a un sólo concepto geopolítico: la solución pacífica a la crisis de Venezuela. Alberto Fernández evalúa que si encuentra esa salida, Maduro y Trump apoyaran a su candidato como secretario general de la OEA, y Almagro será historia en Washington.

En DC explicaron a Infobae que Estados Unidos, Colombia, Chile y Uruguay sólo apoyaran a Almagro, y que es un simple acto de wishful thinking menear un candidato vinculado al dictador Fujimori.

Gustavo Béliz jura como secretario de Asuntos estratégicos – (Infobae)

Durante la cumbre del G20 en Buenos Aires, Mauricio Macri y Trump acordaron que el próximo titular del BID sería designado por la Casa Rosada. Macri decidió que Rogelio Frigerio .por entonces ministro del Interior- sucedería a Luis Alberto Moreno, actual director del BID. Pero Juntos por el Cambio perdió las elecciones y la opción Frigerio quedó sin efecto.

Antes de asumir como presidente, a su regreso de México, Alberto Fernández y Moreno se encontraron en el aeropuerto de Ezeiza. Moreno le anunció que había una línea abierta del BID para Argentina, y Alberto Fernández reveló que descartaba a Frigerio y podía apoyar a Rebeca Grynspan, titular de la Secretaría General Iberoamericana.

Tras unos días en Balcarce 50, la perspectiva presidencial cambio de ángulo. A su decisión de enfrentar a Almagro en la OEA; Alberto Fernández decidió proponer a un candidato argentino en el BID, como en su tiempo acordaron Macri y Trump.

La elección en el Banco Interamericano de Desarrollo es un proceso largo que mezcla burocracia y alta política. Esto implica que Alberto Fernández deberá exhumar este asunto multilateral en su próximo contacto con Trump e instruir al embajador Arguello para que reúna los votos necesarios a favor del candidato argentino.

Se trata de un toma y daca, o un quid pro quo, en jerga diplomática: Alberto Fernández con Arguello buscan al sucesor de Almagro, y a cambio sus aliados en la OEA apoyan al nominado de Argentina a la titularidad del BID.

El candidato de Alberto Fernández al BID facilita la negociación con la Casa Blanca y los probables aliados regionales. Se trata de Gustavo Béliz, actual secretario de Asuntos Estratégicos, que ya trabajo en el BID y exhibe una impecable foja de servicio.

La hoja de ruta de Alberto Fernández en Washington es ambiciosa. Y depende de una reunión a solas con Trump, que debería ocurrir en febrero, si la agenda del presidente de los Estados Unidos no indica lo contrario.

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