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Hipertensión arterial: cuánto sabemos de esta enfermedad silenciosa

El control anual de la presión arterial sirve para tener la salud controlada (Istock)

Cada vez que el corazón bombea sangre hacia las arterias se genera en forma cíclica una fuerza sobre la pared de las mismas, llamada presión arterial. La fuerza máxima es conocida como presión “alta” o bien, científicamente como presión sistólica. Al valor de menor fuerza se la denomina “baja” o presión diastólica.

Las mismas pueden ser evaluadas a través de un tensiómetro, considerándose como un valor normal a los valores de presión sistólica entre 120-130 mmHg y diastólica de 80-85 mmHg.

Valores por encima de 140 mmHg y 90 mmHg deben asumirse como anormales y a partir de estos es que se la denomina hipertensión arterial o presión elevada.

Valores intermedios (entre 130-140 mmHg y 85-90 mmHg) son considerados limítrofes, siendo más frecuente hallar pacientes con presión arterial en este rango que con presión normal. La importancia de conocer estos datos radica en que los valores elevados de presión favorecen la aparición de enfermedades debido al daño constante de las arterias, tales como el ataque cardíaco, los accidentes cerebrovasculares (ACV), la insuficiencia renal y ceguera, como así también el agrandamiento anormal del corazón. Sin embargo, a pesar de que esta información es conocida por gran parte de la población, en la Argentina 4 de 10 adultos son hipertensos, el 40% lo desconoce y sólo 1 de 4 tienen la presión controlada.

¿Por qué se origina la presión alta? 9 de cada 10 casos de pacientes con presión elevada forman parte del grupo de lo que lo que se conoce como hipertensión primaria o esencial, donde se desconoce una causa que la genere. Sin embargo, se sabe que el riesgo de sufrir esta enfermedad está en relación con múltiples factores como son la obesidad, la falta de actividad física, un mal hábito alimentario, el consumo de tabaco y la diabetes. Solo en menos del 10% de los casos la presión alta es secundaria a un problema de base, ya sea en el riñón o bien en otras partes del cuerpo.

¿Qué síntomas puede generar? En la mayoría de los casos la hipertensión cursa en forma silente, o sea asintomática, pudiendo pasar desapercibida durante muchos años y ser esta la causa de las consultas tardías al médico. En ciertas oportunidades se pueden sentir “latidos” en la cabeza, mareos y otros síntomas, sin embargo, al ser tan inespecíficos y frecuentes es difícil poder adjudicarlos a la presión elevada.

¿Con qué frecuencia debo controlarme la presión arterial? En las personas sin hipertensión se sugiere realizar en forma anual un control médico donde la toma de la presión arterial es parte del examen de rutina. En el caso de los pacientes con presión arterial elevada ya conocida, el control deberá ser individualizado por parte de su médico de cabecera. No se sugiere realizar mediciones de presión uno mismo sin indicación médica. En los casos que el médico considere registrar valores ambulatorios de presión se debe comparar los valores del tensiómetro personal con aquellos obtenidos con el aparato del médico, para asegurar que sean iguales y exista una adecuada calibración. Toda cifra superior a la normal debe ser motivo de consulta a su médico de cabecera.

¿Cuál es el mejor tratamiento? La clave consiste en incorporar hábitos de vida saludable, no solo para controlar la hipertensión sino también para otras enfermedades como son la diabetes, el colesterol elevado y la obesidad en caso de que estén presentes. Por cada descenso de 10 kilos de peso, se logra una disminución de 10 mmHg de presión. La alimentación debe estar acompañada de un adecuado aporte de sal.

Según la Organización Mundial de la Salud se sugiere consumir no más de cinco gramos de sal por día. Sin embargo, en la Argentina el promedio es de 13 gramos diarios. En aquellas personas hipertensas no se deben exceder los 3 gramos. A la hora de seleccionar los alimentos se deben optar principalmente por frutas, verduras, cereales, lácteos descremados, aceite de oliva, pescado, aves y nueces. Mientras que se deben evitar carnes rojas, bebidas azucaradas, dulces y alcohol.

La actividad física debe ser realizada en forma regular no menos de tres veces por semana, con una duración de 45-60 minutos. Se ha demostrado que incluso actividades cotidianas como ir en bicicleta al trabajo reducen el riesgo de padecer hipertensión y enfermedades cardiovasculares. El cese del consumo de tabaco debe ser total, debido a que su efecto nocivo sobre las arterias se potencia con la presencia de hipertensión. Existen diferentes medicamentos aprobados para el tratamiento que pueden ser utilizados en forma individual o bien combinados. Es de suma importancia que su médico de cabecera decida el momento de inicio de los mismos y las dosis a utilizar, y bajo ninguna circunstancia decida el uso sin una indicación médica.

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