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El año escolar en Nicaragua se ha «perdido» por la COVID-19, según sindicato

Una mujer junto a su hijo (d) utilizan tapabocas al salir de una escuela pública este viernes, en Managua (Nicaragua). EFE/Jorge Torres/Archivo (EFEI0658/)

Managua, 9 jul (EFE).- El año escolar está "prácticamente perdido" en Nicaragua a causa de la pandemia de coronavirus, ya que los padres de familia se han resistido a enviar a sus hijos a los colegios, mientras las teleclases, impartidas por el Ministerio de Educación, no han despertado interés entre los estudiantes, valoró este jueves la Unidad Sindical Magisterial.
A pesar de que el Ministerio de Educación no ha suspendido las clases presenciales, la asistencia escolar es menor al 10 % desde mediados de marzo pasado, cuando se reportó el primer caso positivo de COVID-19, dijo a Efe la presidenta de la Unidad Sindical, Lesbia Rodríguez.
Desde entonces, según la dirigente gremial, los padres de familia han optado por no enviar a sus hijos a clases por temor a que se contagien con la enfermedad, ya sea en las escuelas, o en los autobuses, y, como resultado, no han adquirido los conocimientos del curso lectivo 2020, indicó.
"Prácticamente el año (escolar) está perdido. Los padres tomaron una buena decisión, de dar prioridad a la vida de sus hijos", anotó.
La ausencia de alumnos en las escuelas estatales tras apenas dos meses de clases, y el hecho de que no se vislumbre una pronta salida a la crisis sanitaria, significa que estos se perderán el contenido didáctico de 2020, con lo cual no es posible promoverlos al siguiente año lectivo, y deben empezar el curso escolar de 2021 donde estaban hasta marzo pasado, consideró Rodríguez.
Las teleclases, que desde la semana pasada se imparten por los canales televisivos estatales y la radioemisora oficial, tampoco son una solución, primero, porque durarán tres semanas, y luego, por una aparente falta de preparación, según la dirigente sindicalista.
"El resultado no ha sido el que el Ministerio de Educación esperaba. Ha sido totalmente un fracaso. No parecen haber preparado las condiciones. Las lecciones no se corresponden con las guías que se les dio a los alumnos. Los maestros se muestran nerviosos. Algunos desconocen las materias que imparten, y hasta se nota falta de conocimientos básicos en pedagogía", explicó Rodríguez.
POSICIÓN OFICIAL
Sin embargo, el asesor presidencial en temas de educación, Salvador Vanegas, afirmó, a través de medios del Gobierno, que el objetivo de las teleclases es nivelar a los estudiantes que no han asistido a las escuelas, y que las capacidades de los docentes han sido reforzadas "en toda el área tecnológica".
Rodríguez indicó que las teleclases no llaman la atención de los alumnos porque las familias rechazan los canales estatales, y la forma en que son impartidas les resultan aburridas o complicadas.
La dirigente sindical criticó que, supuestamente, las autoridades están enviando a los maestros a las casas de los estudiantes para constatar si están viendo las teleclases, bajo amenaza de despido en caso de que no sea así.
"Para conservar sus trabajos, los docentes les piden a los niños que se pongan frente a la televisión cuando están las teleclases, solamente para tomar la foto, para enseñarles a los delegados una realidad que todos sabemos que no es, porque en Nicaragua no nos podemos llamar a engaño", relató.
Vanegas confirmó que, tras el receso anual de tres semanas, las clases reiniciarán el próximo día 21, una decisión a la que se opone la Unidad Sindical.
"Obligan a los maestros a llegar a las escuelas vacías, a contagiarse y arriesgar sus vidas, porque ya llevamos 34 muertos por COVID-19 en el gremio", criticó Rodríguez.
Actualmente Nicaragua cuenta con más de 45.000 docentes, unas 10.000 escuelas y 1,2 millones de estudiantes en niveles básicos y bachillerato.
Hasta el momento, el Gobierno de Nicaragua no ha implementado ninguna restricción para detener la pandemia, y cada semana promueve diversas actividades, entre ferias, competencias, o inauguraciones de obras públicas, en lo que llama una "estrategia singular".
Dicha estrategia ya despertó preocupación en la Organización de la Naciones Unidas (ONU), y en la Organización de los Estados Americanos (OEA), así como en las oficinas de salud y de derechos humanos de ambos organismos.

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