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Cómo Europa ignoró los pedidos de ayuda de Italia y provocó que el coronavirus se transformara en una catástrofe continental

Un miembro del personal médico es visto junto a un paciente que padece la enfermedad por coronavirus (COVID-19) en la unidad de cuidados intensivos del hospital Papa Giovanni XXIII en Bérgamo, Italia, 12 de mayo de 2020. (REUTERS / Flavio Lo Scalzo) (FLAVIO LO SCALZO/)

La falta de preparación de los países de la Unión Europea sumada a la ausencia de solidaridad y de un liderazgo claro provocaron que la gestión de la pandemia de coronavirus se saliera de control en todo el continente, reveló una extensa investigación periodística publicada este miércoles.

Tras analizar los registros internos y entrevistar a docenas de funcionarios y expertos del bloque, el periódico británico The Guardian pudo reconstruir cómo se ha manejado la pandemia a nivel europeo desde que las alarmas comenzaron a sonar entre finales de enero y el principio de febrero.

“No solo Italia no estaba preparada, nadie estaba preparado”, dijo Janez Lenarčič, comisionado europeo para la gestión de crisis del coronavirus. Las fallas del bloque quedaron patentes en el silencio de los estados miembros ante la solicitud de ayuda italiana, lanzada el 26 de febrero por el Primer Ministro italiano Giuseppe Conte. “La falta de respuesta a la solicitud italiana no fue tanto una falta de solidaridad. Fue una falta de preparación”, dijo Lenarčič.

El balance final de la pandemia es el dato más claro del fracaso de las autoridades. Unos 180.000 ciudadanos europeos murieron por coronavirus y 1.6 millones fueron infectados desde que la enfermedad llegó al continente en diciembre del año pasado.

La sucesión de los eventos tampoco deja dudas sobre el mal manejo de la crisis. La preocupación inicial de las autoridades europeas era cómo mantener la enfermedad fuera de las fronteras de la UE. El 17 de enero, el comité de seguridad sanitaria de la UE realizó una primera conferencia telefónica sobre el coronavirus. Ese día, participaron apenas 12 de los 27 estados miembros.

Con 300.000 personas esperando viajar a Europa desde China ese mes, muchas para celebrar el Año Nuevo Chino el 25 de enero, el tema sobre la mesa era qué hacer con los vuelos directos desde Wuhan a Londres, París y Roma.

Un funcionario del Centro Europeo para el Control de Enfermedades, un organismo sin poder de decisión, recomendó controlar los pasajeros en los 12 vuelos semanales que llegaban a Europa desde Wuhan; no obstante, sólo el Reino Unido y Francia compartieron información sobre lo que estaban haciendo en los aeropuertos. Los países tampoco pudieron ponerse de acuerdo sobre medidas fronterizas comunes.

El primer ministro italiano Giuseppe Conte (Tobias Schwarz via REUTERS)
El primer ministro italiano Giuseppe Conte (Tobias Schwarz via REUTERS) (POOL/)

Más tarde, después de los dos primeros casos registrados en Roma el 30 de enero, una pareja de turistas chinos, el gobierno italiano pidió una reunión urgente entre todos los ministros de salud europeos para coordinarse ante la amenaza desconocida. Pero los otros Estados miembros, como se puede ver en el calendario de las reuniones del bloque, no parecían estar tan preocupados: pasaron tres semanas antes de que la reunión se concretara. Veintiún días decisivos para que la pandemia se desatara por todo el continente. En las semanas siguientes, los países tomarían cada vez más acciones de forma unilateral.

Era el 26 de febrero cuando Conte solicitó ayuda a los Estados miembros y a la Comisión Europea. Por ese entonces, el número de infecciones y muertes por Covid-19 ya había comenzado a multiplicarse de forma exponencial. Durante el fin de semana entre el 29 de febrero y el 1 de marzo, más de 2.000 personas se infectaron en Europa. En Italia habían muerto 35 personas. En unos pocos días, las salas de cuidados intensivos colapsaron y la situación se volvió cada vez más inmanejable.

No obstante, los estados miembros europeos comenzaron a actuar cada uno por su cuenta para imponer restricciones a la exportación de suministros esenciales de salud. Al poco tiempo se agotaran las existencias de dispositivos de protección personal claves para enfrentar la pandemia y comenzó una feroz competencia entre los Estados para hacerse con los pocos que aún se conseguían o eran enviados de otros países.

“Convocamos la primera reunión del comité de coordinación de crisis el 28 de enero. La Comisión había tomado la amenaza en serio”, dijo Janez Lenarčič a The Guardian. Sin embargo, los Estados seguían actuando por su cuenta. Tampoco ayudó, según las fuentes consultadas el diario británico, la inexperiencia de la flamante presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, quien por entonces había recién asumido en el cargo.

En la misma semana, el Centro Europeo para el Control de Enfermedades aconsejó a los gobiernos que fortalecieran las capacidades de sus hospitales y, en particular, las unidades de cuidados intensivos.

La presidente de la Comisión Europea Ursula von der Leyen (REUTERS/Yves Herman/archivo)
La presidente de la Comisión Europea Ursula von der Leyen (REUTERS/Yves Herman/archivo) (YVES HERMAN/)

El foco de los medios también estaba puesto en otros temas. En la conferencia de prensa para advertir a Europa que había que prepararse para lo que venía, “la sala estaba casi vacía”, recuerda Lenarčič. “Esperábamos que, al día siguiente, en los medios hubiera alguna repercusión de lo que dijimos. Pero no encontramos mucho porque toda la atención de los medios en Bruselas se dirigió a la última sesión plenaria del Parlamento Europeo en la que participaron miembros del Reino Unido“. De hecho, en aquellos días, el Reino Unido estaba a punto de abandonar la Unión Europea y toda la atención estaba puesta en el Brexit.

De todo esto, según Lenarčič, se ha aprendido algo: “La lógica es dar a la Comisión los medios para apoyar más a los Estados miembros. Porque cuando Italia pidió ayuda, nadie pudo ayudarla. Veo una lección clara aquí: la mayoría del público europeo quiere tener más intervención de Europa en problemas como este”. Por eso, la Comisión quiere dotarse de existencias propias de dispositivos médicos en lugar de confiar en la generosidad de los Estados. También, los expertos recomendaron que el Centro Europeo para el Control de Enfermedades sea un órgano decisorio, no solo asesor en tiempos de crisis.

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